Ayuno

Día 8 – Ayuno 2026

«Y el Señor vino y llamó igual que antes: —¡Samuel! ¡Samuel! Y Samuel respondió: —Habla, que tu siervo escucha.»
1 Samuel 3:10 NTV

¿Te preguntaste alguna vez: «¿Por qué Dios no me habla?» Quizás una mejor pregunta sería: «¿Me estoy poniendo en una situación que me impide escuchar a Dios?»

En 1 Samuel 3, Dios llama al joven Samuel, no una, sino varias veces. Al principio, Samuel no reconoce su voz. Necesita la ayuda de Elí y un corazón dispuesto a responder para poder decir: «Habla, que tu siervo escucha».

Las notificaciones diarias, los titulares, las opiniones y el entretenimiento constante compiten por nuestra atención. Es fácil pasar por alto la dulce voz del Señor. Pero Dios sigue hablando. A través de las Escrituras. A través de su Espíritu. A través de su pueblo.

Lo que aprendemos hoy es que no necesitas ser profeta para escuchar la voz de Dios. Solo necesitamos seguir el ejemplo de Samuel. Guarda silencio y decile a Dios: «Habla, porque tu siervo, tu sierva escucha».

Mientras continuamos este tiempo especial de oración, pedile a Dios que te hable. Pedile que despierte tu corazón, que te revele lo que pasaste por alto y que te dé oídos para escuchar. Pero, sobre todo, prepárate para responder.

Reflexioná y ora:

Usá estas preguntas para guiar tus oraciones y reflexiones mientras pasas tiempo con Dios hoy.

  • ¿Cuánto deseas que Dios te hable?
  • ¿Qué distracción podés evitar para escuchar más de Dios hoy?
  • ¿Estás dispuesto a responder lo que Dios te hable?