«…Si lo que enseñan y hacen obedece a impulsos personales, pronto se desvanecerá. Mas si es de Dios, ustedes no podrán detenerlos…»
Hechos 5:38-39
Una palabra que, de continuo, está en boca de muchos. Todo lo que uno realiza, debe girar en torno a una motivación. Es como el combustible de un auto. Mientras el tanque está lleno, hay movimiento; cuando se acaba, todo se detiene. El asunto es que nuestras motivaciones son limitadas, y al momento de acabarse, muchos solo siguen avanzando por una cuestión de impulso.
Pero nada mejor que tener a Dios de nuestro lado. Un Dios que traza planes, nos da las herramientas que necesitamos y nos asegura un movimiento constante. Cuando Dios está en cada proyecto, no hay situación, persona u opinión que pueda detener lo que Él empezó. ¡No dudes! Todo lo que necesitamos es a Él. Nuestra perfecta y única motivación.
Que particular es notar que Jesús no nos enseña a pedir por el pan de toda la semana o del mes, sino específicamente por el de cada día. A muchos nos encantaría poder resolver y asegurar todas nuestras necesidades a largo plazo para evitar la incertidumbre, pero la oración no funciona así. Este pasaje es, en realidad, una invitación diaria a cultivar una relación de dependencia constante y comunicación cotidiana con nuestro Creador.
Dios ya sabe perfectamente lo que nos hace falta antes de que abramos la boca; sin embargo, le encanta que nos acerquemos a hablarle de nuestras peticiones. Cualquier buen padre o madre comprende este principio: aunque sepamos qué necesitan nuestros hijos, hay algo profundamente valioso cuando ellos se detienen, confían en nosotros y nos lo piden. No hay nada demasiado grande que Su poder no pueda alcanzar, ni nada demasiado pequeño que a Su amor no le interese.
Hoy, acércate al Padre con la confianza de un hijo. Ya sea que necesites provisión económica, una puerta laboral, sanidad, o simplemente una dosis extra de paciencia para sobrellevar el día, preséntaselo con total libertad.
Reflexioná y ora:
Usá estas preguntas para guiar tus oraciones y reflexiones mientras pasas tiempo con Dios hoy.
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¿Cuál es ese «pan de cada día» —esa necesidad interna o externa específica— que necesitas confiarle a Dios hoy?
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¿Cómo cambia tu relación con Dios el hecho de verlo como un Padre al que le agrada escuchar tus peticiones cotidianas, en lugar de un proveedor lejano?