«Ora de la siguiente manera: Padre nuestro que estás en el cielo, que sea siempre santo tu nombre.»
Mateo 7:9 NTV
Cuando los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, Él les dio un modelo que conocemos como el Padre Nuestro. Jesús comienza esta oración mirando hacia arriba y reconociendo que Dios es nuestro Padre celestial, lo que significa que todo lo bueno que tenemos en esta tierra es un regalo Suyo. Quizás te esforzaste mucho para llegar a donde estás hoy, pero la Biblia dice que incluso el aliento en nuestros pulmones proviene de Dios. La vida es un regalo; la pregunta es: ¿estámos agradecidos por esto?
Antes de empezar a pedirle a Dios lo que no tenemos, dediquemos tiempo a agradecer lo que sí tenemos. Al principio puede parecer una tarea no tan simple, pero cuando empieces a dar las gracias por todo lo que se te ocurra —tu casa, tu familia, tu trabajo, tu comida o tu salud— te darás cuenta de la inmensa lista que tenemos por delante. La gratitud cambia nuestra perspectiva y nos recuerda lo bendecidos que somos.
Hoy, procurá que tu primera reacción no sea una petición, sino un agradecimiento. Dedicá el día a meditar y reconocer cada una de las bendiciones que el Padre ya puso en tus manos.
Reflexioná y ora:
Usá estas preguntas para guiar tus oraciones y reflexiones mientras pasas tiempo con Dios hoy.
-
¿Qué tres cosas específicas que solés dar por sentadas podés agradecerle a Dios hoy?
-
¿Cómo cambia tu perspectiva del día cuando decidís empezar con gratitud en lugar de peticiones?